Quizá porque el verbo, el que nos mueve o nos detiene... a menudo no corre de nuestra cuenta.

jueves, 10 de mayo de 2012

Despedidas.



Ayer acabé de responder a los comentarios del cierre del blog, que ha sido durante unos años lo más parecido a un hogar virtual.  Me ha costado Dios y ayuda. Personas a las que jamás he visto... Parece un contrasentido decir "hasta siempre" y notar una punzada de dolor.  

Las bitácoras no mueren. Imagino que navegan en la blogosfera como un pedazo de vida que ya es pasado, como un recuerdo que necesita pasearse sin más frases en la galaxia virtual. Esta que he mimado, amueblado, que ha tenido la puerta siempre abierta... transporta girones de mi alma, verdades que han sido certezas; apenas hay nada epidérmico, nada está dicho por nada. Y me he desprendido con pena, pena honda. Durante ese tiempo mi vida ha dado algunos tumbos buscando el norte. Y el norte estaba tan cerca... Pero las vallas que construyeron algunos hombres -alambradas punzantes- y los recuerdos viciados nublan la vista. Y determinados recorridos que crees acertados vienen cargados de niebla espesa y húmeda... Empapada hasta la última fibra decides seguir caminando a pesar del cansancio y el viento huracanado. No eran mis fuerzas. Las tomé prestadas... Qué complejo ha sido encontrar el sentido de la libertad, de la lucha esperanzada y confiada. Me queda mucho recorrido todavía, pero mis pies surcan un camino en el que se cuelan de cuando en cuando rayos de luz. Entonces llega la Paz. Esa luz no es artificial. Es la Luz. Gracias.

Señor mío y Dios mío. Nunc coepit!

viernes, 4 de mayo de 2012

"Y por pensar...


Robert Doisneau
tengo un millón de cicatrices". 

Tiene gracia que así acabara el post anterior, con el "Canto del loco", y hoy hablara de ello con mi hija y sus compañeras de clase. Están estudiando el lenguaje periodístico y me preguntaban cómo era mi colaboración en el periódico local. 
-Columna
-¿Columna?
-Sí, columna. Día fijo,  foto y un nombre.
-¿Un nombre? ¿Qué nombre?...

He sonreído pensando en esos tiempos que engendraba para el domingo un artículo. Siempre arrancaba con una anécdota personal e intentaba profundizar en valores humanos, educación, familia, enseñanza, solidaridad, respeto, caridad... y en el sentido trascendente de la persona -Imago Dei-. El nombre surgió como un juego de palabras en las que el verbo pensar rescata el pensamiento (valga la redundancia) como base de muchas actividades y reivindica su gratuidad. 

-Ojo, chicas... Pensar , abstraer, es uno de los potenciales del hombre que más enriquece. Pero a veces llegas a conclusiones duras. Y conciencia obliga. No vale entonces cruzarse de brazos... Pensar, reflexionar... ¡compromete!

Ya estoy acostumbrada a que se rían. Sé que lo hacen con cariño; las conozco desde que son pre-escolarinas... Pero no me toman en serio. Si supieran el goce de la reflexión cuando solo se escucha el silencio; el placer de la contemplación ante el milagro de la creación... 

Últimamente pintan bastos. La crisis económica seca la tierra y la cuartea... Y sin embargo ahora, más que nunca, noto que hay agua en el pozo de nuestra existencia. Está dentro aunque no "llueva café en el campo", como canta Juan Luis Guerra. Son todas las lluvias de antaño en el hogar de nuestros  padres, cuando hincábamos codos o nos hacíamos fuertes en la austeridad, con los juegos de infancia sencillos e imaginativos, cuando empezamos a colaborar en las cargas familiares con clases particulares y la tecnología todavía no ensordecía el diálogo. Todas esas conversaciones alrededor de la mesa después de escuchar las batallas educativas de nuestro padre-profesor y el descanso reparador con el olor a limpio de las sábanas oreadas por mi madre.  

Hay agua en el pozo y aprendemos a regar sin desperdiciar agua. Y enseñamos a la prole cómo pueden llenar sus pequeños pozos. Pero previamente deben saber construir su propia estructura para ser hombres libres, de bien, solidarios con sus semejantes y generosos con el Creador. Y encontrar cada día un hueco con paréntesis de reflexión.







jueves, 3 de mayo de 2012

¡Serenoooo!



Estoy recordando un pliego que leí en septiembre. Primero despertó mi interés y luego me dejó con zozobra  y un enfado que el interlocutor me tuvo que recordar que "no estoy sordo/a, afortunadamente".  El caso es que mi señor padre no tiene internet y me pidió que le imprimiera un texto.

¿Cómo se puede desleer?  En mala hora se me ocurrió echarle una ojeada obviando que en otoño y en primavera todo se me pega con superglú.

Debo mantener el anonimato aunque este blog esté perdido en la galaxia. Un buen día pensé que  la prudencia abarcaba bastantes campos. Espero que no se me vaya la pinza y no me traicione a mí misma.

Cuando, tras una lectura, vivo determinadas situaciones... bfffffff... parece como si tuviera un impedimento para abstraerme del martilleo y soy incapaz de escribir sobre... no sé... ¿cómo se hace un huevo frito, por ejemplo?  La piel, los músculos, los tuétanos, las neuronas y los recuerdos sangran. Y la hemorragia dura y dura.    

Muchas veces pienso que las bitácoras personales nacieron con vocación de ser una expresión fiel de quien escribe y yo he tenido que amputar habitualmente muchos tentáculos de pulpos llenos de tinta y me quedo a medias. Probablemente este poco de vergüenza torera que todavía me queda sea un arma de doble filo que preserva mi intimidad… pero, en igual medida, araña por dentro.  

Y así estoy. En carne viva... por un desafortunado pliego que me devuelve al pasado y que ya cansa de tener que cerrarlo trimestre sí, trimestre no... resucitando la figura del  "sereno" en tiempos de porteros automáticos.
He de escribir sobre el SERENO. En mi barrio todavía no lo han jubilado.