Quizá porque el verbo, el que nos mueve o nos detiene... a menudo no corre de nuestra cuenta.
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miércoles, 4 de julio de 2012

Cipreses.


Alargados, puntiagudos como lanzas... Es el paisaje de fondo cuando escribo. Hoy relleno. Necesito teclear porque sé que después me sentiré mejor. Mañana llega la pequeña de la maleta grande, pero se va otra vez el sábado. Veo, veo... ¿Qué ves?... una cosita que... tiene pies...Y el grande-niño batallando con el curro ; en sus curros tenemos siempre el alma metida toda la familia. ¿Durará? Ayer le dijeron que era un desastre pero... ¡es el que más vende! No termina la cuerda. Me gustaría saber dónde tiene el almacén de repuesto. Casi seguro que en el corazón y en el "orgullo" torero de que esta vez sí. Se lo quiere demostrar a sí mismo. 

A los medianos se les nota en la mirada el corazón partío. Amores juveniles con ancla pesada. Brillo en los ojos. Los hace más guapos; también más embobados... Echan de menos y desaparecen con el teléfono... Y en ellos veo esa ilusión. Es bonito... También yo lo pasé. Y también nosotros teníamos días de añoranza por la distancia.

Hoy bochorno. Los cipreses son más verdes a medida que desaparece el sol. Apenas se mueven.  No sopla la brisa del mar. Algún movimiento brusco cuando las ardillas recorren el tronco. La punta hacia arriba, como aquellos de Gironella... que creían en Dios.

Pues eso...

jueves, 10 de mayo de 2012

Despedidas.



Ayer acabé de responder a los comentarios del cierre del blog, que ha sido durante unos años lo más parecido a un hogar virtual.  Me ha costado Dios y ayuda. Personas a las que jamás he visto... Parece un contrasentido decir "hasta siempre" y notar una punzada de dolor.  

Las bitácoras no mueren. Imagino que navegan en la blogosfera como un pedazo de vida que ya es pasado, como un recuerdo que necesita pasearse sin más frases en la galaxia virtual. Esta que he mimado, amueblado, que ha tenido la puerta siempre abierta... transporta girones de mi alma, verdades que han sido certezas; apenas hay nada epidérmico, nada está dicho por nada. Y me he desprendido con pena, pena honda. Durante ese tiempo mi vida ha dado algunos tumbos buscando el norte. Y el norte estaba tan cerca... Pero las vallas que construyeron algunos hombres -alambradas punzantes- y los recuerdos viciados nublan la vista. Y determinados recorridos que crees acertados vienen cargados de niebla espesa y húmeda... Empapada hasta la última fibra decides seguir caminando a pesar del cansancio y el viento huracanado. No eran mis fuerzas. Las tomé prestadas... Qué complejo ha sido encontrar el sentido de la libertad, de la lucha esperanzada y confiada. Me queda mucho recorrido todavía, pero mis pies surcan un camino en el que se cuelan de cuando en cuando rayos de luz. Entonces llega la Paz. Esa luz no es artificial. Es la Luz. Gracias.

Señor mío y Dios mío. Nunc coepit!

miércoles, 11 de abril de 2012

Hilos, cuerdas, cadenas.


Poco a poco voy cortando hilos. Los voy dejando sobre la mesa donde ahora escribo. No eran hilos. Eran cuerdas de esparto que han ido arañando las muñecas, los tobillos, la cintura. Tampoco eran tan cortos; solo hebras que lucían como flecos aparentes... cada vez menos consistentes. Yo misma me había robado mi intimidad por la necesidad de contar. Contar descontando tiempo para alimentar la conciencia... incluso el hambre  para poder comer. Un nido de espinos en el nido del hogar. Dios sabe lo que ha supuesto desasirme de muchas ataduras que eran cadenas y me han impedido caminar... sabe que he ido a tientas y bastaba un leve movimiento para desanudar el pañuelo tupido que cubría los ojos. Poder correr y mirar, sin ser perseguido ni observado. 

Quien escribe lo hace siempre para un hipotético lector. Me gusta el adjetivo hipotético. Ahora mismo, en este punto del crono de mi existencia, prefiero no saber si alguien lee lo que vomito. Agradecida por esta ventana que me permite seguir desde un discreto rincón. Hoy, más que nunca, la palabra es agradecida. 

La casa está vacía. Y te espero...