Al acabar el Oficio del jueves santo, uno de mis hijos se ha percatado de que el sacerdote no ha pronunciado la frase : "podéis ir en paz". Más me vale afianzar y nutrir mi fe... no solo por saber amar más a Dios ( o mejor... saber acoger su amor) sino por poder responder a los eternos porqué de esta tropa tan inquieta que habita en nuestro hogar. Hemos charlado. La Santa Misa es como si durara tres días. Hoy, la Institución de la Eucaristía: la Última Cena. Mañana, la Pasión y muerte de nuestro Señor; un Oficio en el que besamos, adoramos, acariciamos la Cruz donde nuestro Jesús lo da todo... todo... hasta que expira. Señor mío y Dios mío. Liturgia de la Palabra. Dolor y silencio. Y el sábado la Vigilia Pascual...¡la Resurrección! ... Tres días para vivir la historia de nuestra salvación.
Han ido llegando. Falta la niña de la maleta grande, que no regresa hasta el lunes de Pascua... Imagino cómo y dónde asistirá a los Oficios de jueves santo. Yo también estuve en Roma a su edad. No le dará tiempo a contar casi nada porque el martes ya empiezan clases. Y seguirá viviendo como una correcaminos, que tengo exámenes, deprisa-deprisa que llego tarde... "No tengo tiempo mamá... Ya te explicaré." Con esa sensación de que ella destapa algo con un aroma conocido. Ya... ya sé. Su pituitaria no es la mía. Pero no puedo remediar abrir de cuando en cuando el tarro de esas esencias que a mí me taponaron la nariz... Ahora, gracias a Dios -¡¡¡gracias a Dios!!!- empiezo a oler la fragancia de la lavanda cuando baila al compás de la brisa marina, distingo ese punto de armario cerrado y ropa enmohecida... y el de la tierra recién lavada por la lluvia.
La peque regresa a menudo; porque siempre se va... Como si llevara escrito en la frente me quedo por poco tiempo... El primogénito, que no tiene un pelo de tonto, ya ha intuido en qué anda ... y por primera vez no ha gritado ni ha puesto a caldo a la retahíla. Buena señal. Empieza a entender lo que significa respeto aunque no se comparta una idea. Supongo que ha calado en todos nuestros hijos a base de vivirlo y repetirlo...
Muchas ganas de que sean las siete de la tarde y meter el corazón en el oficio de hoy... y después quedarme de rodillas adorando al Santísimo expuesto... preparando mi corazón para seguir de cerca la Pasión.
La diáspora familiar ha sido escalonada. El viernes, la pequeña de la maleta grande, siempre a punto...a Roma. El sábado, los dos hijos solidarios ya mayores de edad: él de monitor con chicos de 1º de ESO... ella acompañando a la abuela anciana a ese destino siempre añorado, que no pudo saborear con el abuelo porque ya está en el cielo. Queda siempre el primogénito, el antaño vilipendiado y desahuciado. Todo el amor que tenemos y el que hemos podido acumular lo volcamos en el hogar para arroparle. Atenúa sus "fracasos" y pasea por casa su enfermedad sin sentirse acorralado. "¡Qué bien se está aquí! No me casaré, mamá. Siempre me tendrás a tu lado". A nuestro lado, con su padre y conmigo... ¿Se puede amar a un hijo y desear que, a ratos, desaparezca?
Mi santo Job y yo no recordamos qué significa la compañía mutua, la soledad compartida... Hablamos tantas veces de la necesidad de horas juntos sin interrupciones; de tiempos sin reloj, sin teléfonos, sin toc-toc... Ayer el niño grande dormía en casa de un amigo. No es la primera vez, pero sí la vez que solo se oían los pasos sosegados de dos. Recordaba lo que nos dijimos hace casi 25 años: en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza... todos los días de mi vida. Sería absurdo negar que no imaginé entonces que nuestra vida transcurriría como en el curso alto del río. El agua descendiendo con fuerza... sin ir más allá del curso medio que ha ido arrastrando los materiales erosionados. Con 51 años se nota el peso de todo lo que han arrancado los diversos "tsunamis". Cenamos solos ... sin esa sensación que te invade cuando sabes que el momento se termina. Nos miramos. Descansamos el uno en el otro. Tanto tiempo -no recuerdo cuál fue la última vez- sin cogernos la mano con fuerza y sin ser observados. Las lágrimas hacen bien cuando las recoge quien te ama.
Cierro los ojos y me pido más días de intimidad. Necesaria para seguir con ritmo acompasado... TE QUIERO.